
En las profundidades del Bosque Seco Chiquitano, del Chaco y del Pantanal boliviano, el agua dulce ya es un bien escaso y urgente. Los humedales se secan, mientras la sed avanza al ritmo de la deforestación y de los incendios forestales. A pesar del tamaño de la crisis climática, quienes habitan este universo natural de Bolivia, se levantan cada día, decididos a emprender ésta que es una de las batallas más duras de sus vidas.
Roberto Navia
Cinco comunidades de la TCO Turubó Este tienen una sentencia favorable, pero siguen esperando recuperar su río. Este viernes 6 de noviembre una audiencia de amparo constitucional podría ser decisiva para corregir actuaciones cuestionadas y permitir que el proceso avance.

En las profundidades del Bosque Seco Chiquitano, del Chaco y del Pantanal boliviano, el agua dulce ya es un bien escaso y urgente. Los humedales se secan, mientras la sed avanza al ritmo de la deforestación y de los incendios forestales. A pesar del tamaño de la crisis climática, quienes habitan este universo natural de Bolivia, se levantan cada día, decididos a emprender ésta que es una de las batallas más duras de sus vidas.

Hay lugares, como Miraflores, entre las poblaciones chiquitanas de San José y San Rafael, donde el agua que se extrae de los bolsones profundos de la tierra—literalmente— ya se vende, como se vende el pan y la gasolina.
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