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Especial: Los árboles que no queremos perder

Ilustración: Aldo Domínguez de la Torre.

28 de mayo de 2024

* Latinoamérica es la región que concentra la mayor diversidad de árboles: se han contabilizado al menos 23 631 especies diferentes. Brasil, Colombia y México están entre los países con más árboles endémicos, es decir, que sólo crecen en sus territorios.

* Este universo se encuentra en riesgo. En Latinoamérica, poco más de 7 000 especies de árboles enfrentan algún tipo de amenaza, 31 podrían ya estar extintas.

* Cada árbol es un mundo que sostiene la vida de otros mundos. Y como ejemplo están los protagonistas de este especial dedicado a los árboles de Latinoamérica. Cada una de las especies incluidas en este trabajo periodístico representa una diminuta porción de toda la diversidad que no queremos perder.

Por Thelma Gómez Durán

Hablemos de árboles.

Algunos son alimento, medicina, inspiración, refugio y sombra. Otros han sido testigos de épocas, de vidas y de transformación de territorios. Los hay compañeros silenciosos o protagonistas de historias familiares. Están los que son leyenda o símbolo de una ciudad o un país. Muchos se hacen notar en distintas épocas del año al darle otra tonalidad a la cotidianidad. También los hay discretos. En toda esa diversidad, merecen atención especial aquellos que se empeñan en seguir teniendo un futuro.

Y es que los árboles también se extinguen.

Existen grandes probabilidades de que eso ya haya sucedido con 142 especies, 31 de ellas de Latinoamérica. Esos datos son algunos de los hallazgos de una investigación que comenzó en 2015 y que aún está en marcha. La iniciativa, impulsada por Botanic Gardens Conservation International (BGCI), se propuso una tarea descomunal: conocer cuántas especies de árboles hay en el mundo y, sobre todo, determinar su estado de conservación.

“No había una lista de nombres de árboles en el mundo. Tampoco se había hecho una iniciativa a nivel global para evaluar cuál era el estado de las diferentes especies, lo que había era a nivel regional o nacional”, cuenta Emily Beech, especialista de la BGCI. Así que además del listado (publicado en 2017) se realizó la Evaluación Global de Árboles. Para conseguirla se apostó por una investigación colaborativa en la que participaron 60 socios institucionales y más de 500 expertos.

Para el pueblo amazónico de los ese’ejja, el shihuahuaco es un árbol originario. Foto: Max Cabello Orcasitas.

Los primeros hallazgos se publicaron en septiembre de 2021. Fue entonces que se logró determinar que en el mundo existen al menos 58 497 especies de árboles. Todo un universo. Sus nombres y los países en donde se encuentran se pueden consultar en línea.

El estudio también permitió conocer que la región del neotrópico —gran parte de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe— concentra el mayor número de especies de árboles: 23 631, buena parte de ellas son endémicas, es decir, sólo se distribuyen en este territorio.

El país que a nivel mundial tiene el mayor número de árboles es Brasil: en su territorio es posible encontrar 8 847 especies diferentes. Otras naciones latinoamericanas que se distinguen por su diversidad arbórea son Colombia, Venezuela, Perú, México, Ecuador y Bolivia.

Y entre los países con más especies endémicas a nivel mundial están Brasil (4 226), México (1 453) y Colombia (1 148), de acuerdo con el informe de 2021, cuyos datos se actualizarán en el transcurso de este 2024, aunque Emily Beech advierte que no se tendrán grandes cambios en la información ya publicada.

Esa gran diversidad arbórea de Latinoamérica muchas veces pasa desapercibida. Hay países de la región que, incluso, concentran en su territorio a una buena parte de los representantes de todo un género.

En México, por ejemplo, crecen más de 50 especies diferentes de pinos. Los científicos aún no se ponen de acuerdo sobre el número exacto. Hay algunos que consideran que hay entre 49 y 55, otros dicen que son 72, comenta Patricia Delgado, investigadora de la Facultad de Agrobiología de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo. Más allá de esa diferencia, en lo que sí hay casi un consenso es que al menos 13 de esas especies están en riesgo de extinción.

“Mucha gente ni siquiera tiene idea de lo que pasa con los árboles ni que hay muchas especies que están amenazadas”, comenta Cristina López Gallego, profesora del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia y co-coordinadora del grupo de especialistas de plantas de Colombia en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta organización también participó en la Evaluación Global de Árboles. De hecho, los resultados de esa investigación se utilizan para actualizar los datos de la Lista Roja de especies amenazadas de la UICN.

Ceiba barrigona, un árbol al que sólo se le encuentra en el Cañón del Chicamocha, en Colombia. Foto: Sergio Silva Numa.

Árboles que resisten

Conocer el estado de conservación del universo arbóreo no ha sido fácil. Los investigadores se encontraron con varios obstáculos. Uno de ellos es que hay pocos especialistas dedicados al estudio de las plantas y son menos los que han puesto toda su atención científica a los árboles. Y todavía son más escasos los botánicos-taxónomos, es decir, aquellos que tienen los conocimientos necesarios para identificar, describir, nombrar y clasificar a las plantas.

Por ejemplo, Colombia y Brasil son dos de las naciones con más especies de flora en el mundo, sin embargo, el primer país “sólo tiene entre 30 y 40 personas que se han enfocado en el estudio de las plantas en el último siglo”, comenta Cristina López Gallego.

Otro reto que se tuvo para realizar la Evaluación Global de Árboles fue la falta de datos. “Hay países que no tienen información sobre sus árboles”, cuenta Emily Beech.

La araucaria es una de las especies de flora más longevas de América Latina. Foto: Benjamín Valenzuela Wallis.

Hasta el primer trimestre de 2024, los investigadores habían logrado evaluar al 90 % de las especies de árboles. “Aún nos faltan islas del Índico y el Pacífico y países con flora compartida a lo largo de los Andes”, apunta Emily Beech.

Los resultados que se tienen hasta ahora no son alentadores: alrededor del 30 % de todas las especies de árboles están amenazadas.

Además, en todas las regiones del mundo hay especies amenazadas. En el neotrópico (gran parte de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe) se encuentran al menos 7 047 en esta situación, de ellas 959 enfrentan una condición crítica.

Para evaluar cuál es el estado de conservación de una especie de árbol, los investigadores tomaron en cuenta dos parámetros: el tamaño de la población y su distribución geográfica. “La mayoría de nuestros árboles en Peligro Crítico tienen una sola población, están en un solo sitio o en una región donde hay una fuerte deforestación. Lugares en donde si no hacemos nada, esas especies se van a extinguir”, explica Cristina López Gallego.

El palo rosa es un gigante que alcanza grandes alturas. Foto: cortesía Arauco.

No es difícil imaginar que la principal amenaza que tienen los árboles es el avance de la deforestación por la agricultura, la ganadería y los desarrollos urbanos. También están la explotación maderera sin control o la “sustitución de especies ‘no productivas’ por especies de árboles de rápido crecimiento que sólo empobrecen la diversidad arbórea”, resalta el informe.

Emily Beech resalta que, en varias zonas, la actividad minera va tomando un mayor protagonismo como amenaza para los árboles. Una de esas regiones es la que se extiende entre Venezuela, Guyana, Guayana francesa y Surinam: “Ahí hay muchas especies amenazadas por minería”.

La propagación de plagas, enfermedades y especies invasoras también están contribuyendo a disminuir las poblaciones de árboles. Y, como si eso no fuera suficiente, el cambio climático complica aún más el panorama.

“Con el cambio climático, el proceso de declinación forestal que vivimos va a acelerarse, sobre todo ante las sequías más secas y más calientes. Esa es una combinación terrible para los árboles”, comenta Cuauhtémoc Sáenz Romero, del Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales (INIRENA), de la Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo.

El investigador resalta que los árboles, al ser organismos con una vida larga, han desarrollado mecanismos de defensa ante los eventos extremos del clima: “Cierran sus estomas, dejan de crecer, no producen semilla, tiran gran parte de su follaje para disminuir su consumo de agua…”. Aun así, también advierte, “esos mecanismos pueden resultarles insuficientes ante las sequías más calientes que ahora estamos experimentando. Si bien esas sequías no matan a los árboles, sí los debilitan y los hacen más vulnerables a plagas e incendios”.

Esas condiciones pueden acelerar la extinción de especies de árboles con poblaciones reducidas o que sólo se distribuyen en unos cuantos lugares.

Cristina López Gallego explica que las especies de árboles que se han señalado como posiblemente extintas son aquellas a las que “no se les ha vuelto a ver en los últimos 20 años. No hay registros sobre ellas”.

Como ya se mencionó, la Evaluación Global de Árboles determinó que existen grandes posibilidades de que a nivel mundial 142 especies de árboles estén extintas. De ellas, 31 son de la región denominada neotrópico y que abarca gran parte de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Entre los investigadores aún hay resistencia a declararlas extintas: “Todavía tenemos esperanza de que existan en alguna parte”, dice Emily Beech.

Palo morado, árbol que sólo crece en ciertos rincones de Guerrero, México. Foto: Iván Castaneira.

Conservar a los árboles para conservar mundos

En el informe “El estado de los árboles del mundo”, publicado en 2021, se ofrecen datos que permiten redimensionar el papel protagónico que tienen los árboles en el planeta. Por ejemplo, son ellos los que definen la distribución, composición y estructura de los bosques. Y su presencia permite brindar hábitat a la mitad de las especies de plantas y animales terrestres conocidas. Eso sin detallar su contribución en la producción de suelo, a la purificación del aire, a la protección contra huracanes, a la regulación del clima y de los ciclos hidrológicos.

Así que cada árbol es un mundo que sostiene la vida de otros mundos.

Los árboles, además, nos recuerdan que existen otras escalas de tiempo: “Hacen cosas extraordinarias: se mueven, reaccionan ante cambios sutiles, pero en una escala de tiempo larga”, dice Cristina López-Gallego.

Los árboles permiten brindar hábitat a la mitad de las especies de plantas y animales terrestres conocidas. Foto: Max Cabello Orcasitas.

Nadie puede negar la importancia ecológica, cultural y económica de los árboles. Aun así, las acciones para asegurar su conservación son escasas.

“De las 157 especies de árboles que están en Peligro Crítico en México, menos de 10 tienen acciones en curso para su conservación”, cuenta Marie-Stéphanie Samain, investigadora en el Instituto de Ecología (Inecol). Ella y Esteban Martínez, del Instituto de Biología de la UNAM, lideraron los trabajos de la Evaluación Global de Árboles en México.

Cristina López Gallego destaca que “la pérdida de biodiversidad no es tan importante en las agendas políticas de nuestros países. Cuando se habla de biodiversidad, el discurso se enfoca en servicios ecosistémicos, pero las especies quedan muy invisibilizadas… Hay muy poca atención y pocos recursos enfocados a la conservación de especies”.

En Panamá, las poblaciones de cocobolo han disminuido en forma drástica por la tala indiscriminada que se realiza para comercializar su madera. Foto: Javier A. Jiménez Espino.

¿Es difícil salvar de la extinción a un árbol? La pregunta la responde la investigadora Marie-Stéphanie Samain: “Es difícil. Se necesita presupuesto, porque además de acciones de conservación es necesario hacer investigación para conocer sobre la biología de la especie. En el caso de México, varias de las especies en riesgo están en territorios donde no siempre hay condiciones para trabajar, en donde hay mucha inseguridad. Si la gente que vive ahí no está segura, cómo se va a comprometer en salvar a un árbol. Se necesita hacer investigación y, sobre todo, apoyar a las comunidades locales”.

Cristina López Gallego menciona que cada país podría usar la información de la Evaluación Global de los Árboles para hacer su propia estrategia de conservación nacional. “Con cada una de las especies en riesgo se tiene que evaluar cuál es el mejor camino: propagación, reintroducción, detener la amenaza que la está afectando…”

Para la investigadora, una de las acciones principales y necesarias es proteger los hábitats: “Promover que los bosques se conserven para que las especies se conserven. Esa protección puede ser a través de un área natural protegida, área privada, área de manejo, área voluntaria, bosque comunitario… Hay muchas figuras que se pueden utilizar”.

Un copaibo en Santa Mónica, departamento de Santa Cruz, Bolivia. Foto: Karina Segovia.

Entre las iniciativas que existen a nivel mundial para conservar la biodiversidad arbórea está el BGCI´s Tree Conservation Programme que promueve un enfoque integral para la conservación y gestión de las diferentes especies de árboles, para evitar que se extingan.

El proyecto Evaluación Global de los Árboles no se ha detenido. Emily Beech explica que los investigadores ahora rastrean  y recopilan todas las acciones de conservación de árboles que hay en el mundo. Esta información permitirá identificar a las especies que ya son protagonistas de proyectos y aquellas con las que es necesario y urgente impulsar trabajos de conservación.

Además, la UICN también impulsa una estrategia llamada la Lista Verde para difundir y reconocer aquellas acciones que han contribuido a conservar especies tanto de flora como de fauna.

El arrayán de Quito ha sobrevivido gracias a que comenzó a usarse como un árbol ornamental. Foto: Alexis Serrano Carmona.

Conocerlas para conservarlas

Hay una máxima que dice: “No se conserva lo que no se conoce”. Ante ello, Mongabay Latam hizo una alianza con El Espectador, Ladera Sur y Revista Nómadas para realizar este especial que tiene como protagonistas a ocho árboles que sólo es posible encontrar en Latinoamérica y que enfrentan diversas amenazas.

Uno de esos árboles tiene una figura tan singular que, incluso, su nombre es también su descripción: ceiba barrigona (Cavanillesia chicamochae). Esta especie fue nombrada por la ciencia hace 20 años y sólo se encuentra en el oriente de Colombia, en uno de los cañones más grandes del planeta.

La araucaria (Araucaria araucana) también tiene una forma llamativa: cuando es adulta parece un paraguas gigante. Además, es uno de los árboles más antiguos que habitan el territorio que hoy conocemos como Sudamérica. Para el pueblo mapuche es un árbol sagrado. Hoy sus únicas poblaciones se encuentran en los bosques templados de Chile y Argentina.

Bosque de araucarias, en Chile. Foto: Benjamín Valenzuela Walli.

En unos cuantos rincones del estado de Guerrero, al sur de México, crece un árbol que en su nombre científico lleva tatuada su nacionalidad: Peltogyne mexicana. Los pobladores de la región lo llaman palo morado. Si no se le conoce, puede pasar desapercibido, pero aquellos que han visto su interior saben que tiene una belleza singular: el centro de su tronco tiene un color púrpura. Esa virtud también ha sido su desgracia. A este árbol se le tala sin ningún plan de manejo para aprovechar su madera.

Muy lejos de esa zona, al sur del continente americano, hay un árbol que también se caracteriza por el color del interior de su tronco. El palo rosa (Aspidosperma polyneuron) es un gigante que puede tener más de 30 metros de altura; durante más de un siglo se le devastó para aprovechar su madera de tonalidad rojiza. Algunas de las pocas poblaciones que aún quedan se encuentran en el Bosque Atlántico que cubre el norte de la provincia de Misiones, en Argentina.

En Latinoamérica muchos árboles son utilizados con fines medicinales. Y este es el caso del copaibo (Copaifera langsdorffii), su resina es apreciada por aliviar diversas dolencias. En Bolivia, este árbol se ha convertido en un aliado para la salud y la economía de los indígenas chiquitanos que cosechan el aceite. En ese país, esta especie arbórea pierde terreno ante el avance de la deforestación en el Bosque Seco Chiquitano.

La copa de un copaibo resalta en el Bosque Seco Chiquitano, en Bolivia. Foto: Karina Segovia.

Las hojas del arrayán de Quito (Myrcianthes hallii) se han usado para infinidad de cosas: desde mantener en buen estado las encías o como ingrediente de una bebida tradicional. En Ecuador, las poblaciones naturales de este árbol se reducen a casi nada. En la época colonial fue talado sin tregua. Ahora, se le mira como árbol ornamental, incluso, uno de sus ejemplares es habitante de un museo.

El aprovechamiento sin control de su resistente madera ha sido la causa que ha provocado la disminución de las poblaciones de un habitante ancestral de la Amazonía peruana: el shihuahuaco (Dipteryx ferrea y Dipteryx micratha). La enormidad de este árbol sobrecoge.

Para el pueblo amazónico de los ese’ejja, el shihuahuaco es un árbol originario. Para especies como los murciélagos, los roedores amazónicos, los monos araña, los guacamayos o las águilas arpía, es su fuente de alimento, su lugar de recreación o el refugio para sus nidos.

El shihuahuaco es un árbol que sobrecoge por muchas cosas, entre ellas, la gran altura que alcanza. Foto: Max Cabello Orcasitas.

En Panamá, la extracción desmedida del cocobolo (Dalbergia retusa) también ha provocado que sus poblaciones se hayan reducido en forma considerable. Este árbol es explotado para aprovechar su madera densa, rojiza y brillante. Con ella se elaboran piezas artesanales, muebles e instrumentos musicales, aunque también se utiliza para yates o accesorios de coches. Gran parte de la madera de esta especie se exporta a China.

Cada una de estas especies representa una diminuta muestra de toda la diversidad que no queremos perder.

* El especial Árboles que no queremos perder es una alianza periodística entre Mongabay Latam, Revista Nómadas, El Espectador y Ladera Sur.

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