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Una postal de la serrania de Santiago de Chiquitos.

Foto: Steffen Reichle

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Roberto Navia

Periodista

Steffen Reichle es biólogo, fotógrafo, viajero incansable, un hombre que lee los mensajes de los bosques. Revista Nómadas conversó con él y de testigo estaban el gran farallón de fondo de Santiago de Chiquitos, el graznido de las aves y uno de sus perros felices y saludables.

Una a una, las amenazas que se esfuerzan por arrinconar al Bosque Seco Chiquitano. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), hizo un llamado urgente para proteger a esta vital ecorregión.

Un incendio forestal no puede dejar nada bueno, pero sí las acciones de los bomberos de una comunidad que, en plena acción contra las llamas, descubrieron la existencia de pinturas rupestres en una roca que estaba siendo alcanzada por el fuego.

En los últimos cuatro años, 181 hectáreas del espejo de agua han desaparecido de la represa de San Ignacio de Velasco. Los afluentes de la cuenca también se han secado mientras la tala destruye los bosques para expandir la frontera agrícola y ganadera.

Un horno engulle los troncos de una hectárea deforestada. Varios de ellos están en las comunidades de los interculturales y en el Área Protegida y Reserva Municipal de San Rafael.

El valle tiene una extensión de 262.000 hectáreas y a pesar de que la deforestación ya se ha metido dentro del área protegida, es capaz de depurar los tóxicos que producen en las urbes.

Esta es una entrevista para conocer la majestuosidad del Bosque Seco Chiquitano, para llorar agarrado de la esperanza, para amar este pedazo de planeta y para sumar voces y fuerzas en una defensa que no espera muchos mañanas.

Ella es boliviana y junto a su esposo Toke han escogido el tema de medioambiente como un compromiso al que destinan sus horas en una oenegé que ellos mismos han creado. “Si queremos salvar el planeta y la humanidad, debemos salvar primero la naturaleza”, sostiene al unísono.

Rosa Castro

ESPECIALES

Foto: Clovis de la Jaille

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), reunida en el Congreso Mundial de Marsella, ha emitido una resolución para pedir a los gobiernos del mundo —entre ellos al de Bolivia— priorizar la protección de los Bosques Secos Tropicales de Sudamérica, entre los que se encuentra el Bosque Seco Chiquitano, golpeado por la deforestación, los avasallamientos, los incendios, la contaminación minera, los hornos productores de leña y la pérdida de biodiversidad.

CASA VERDE

Foto: XXX

La producción apícola está cambiando vidas. En diciembre termina el Programa quinquenal de Fortalecimiento de Organizaciones Apícolas, liderada por ADAPICRUZ y la fundación belga Miel Maya. Los resultados apuntan no solo a un aumento en la producción, sino, en todo el proceso y fortalecimiento de asociaciones de San Lorenzo, El Torno, La Guardia, Porongo y Okinawa. Ésta es la historia.

PODER

Más de 9.000 familias ven que sus tierras producen cada vez menos por los tóxicos que llegan al río Tumusla desde las minas asentadas en la cuenca alta. Una auditoría confirmó la presencia de metales pesados en el agua. Varios vecinos denuncian que padecen graves problemas de salud.

Foto: Marcelo Huanca Dorado

LA CARRETERA

Póngase a la tarea de emprender un viaje largo en pocas palabras. El autor de esta crónica consigue llevarlo por diferentes escenarios y personajes tan distintos y a la vez entrañable.

Maurizio Bagatin

Sigo con Diario del divorcio, cuaderno de viaje. Catarsis después de 30 años de odisea alegre y de gris zozobra. El texto de hoy está entre Madrid y Roma; me alejo un tanto de las estepas del este, de sus mujeres ojos de tártaro azules y retorno a occidente, supuestamente menos salvaje o mejor mimetizado. Divorcio de mí mismo, que esas santas que fueron mis esposas no merecen martirologio. No son ni Jan Hus ni Gonzalo Pizarro, aunque de profetas y guerrilleras tenían al menos un poco.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot

PODCAST

Tarija

Foto: Karina Segovia

LA ESTACIÓN

Las puertas del infierno están instauradas en los bosques de Santa Cruz (Bolivia). La raza humana ha puesto su veneno una vez más y lo ha hecho sin misericordia. Animales silvestres están tendidos encima de una cama de ceniza caliente. En diferentes rincones de la Chiquitania y de otras zonas atormentadas de Bolivia, la selva es ya un panteón de árboles y de lagartos y capiguaras, de pájaros que antes cantaban, de chanchos troperos, de osos meleros y de muchas otras especies víctimas del avance de la frontera agrícola en zonas no aptas para el cultivo extensivo, del tráfico de tierras, de la deforestación ilegal y de aquella que tiene el permiso cómplice de las autoridades, de los avasalladores que están destrozando las Áreas Protegidas y que dicen que son pobres pero que desmontan con orugas que su dios dinero y político puede pagar.

El pueblo —los pueblos— desilusionados de la especie humana, solo esperan que los cielos hagan el milagro: que caiga la gran lluvia sobre las dos docenas de incendios activos que no descansan en nueve municipios de Santa Cruz y en siete Áreas Protegidas afectadas. En lo que va del año, la devastación ambiental ya ha consumido 600.000 hectáreas de bosques, pastizales y de todo un ecosistema que —solitario— también espera un milagro del cielo, porque de los hombres ya nada bueno pueden esperar.

REVISTA NÓMADAS

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