
El mundo al otro lado de la ventana
Organizaciones indígenas y autoridades municipales de San Ignacio de Velasco activaron una alerta ante anuncios políticos que reactivan la intención de explotar el cerro Manomó. El Concejo Municipal rechazó de forma unánime cualquier actividad minera por los riesgos ambientales e hídricos que implicaría, mientras comunidades indígenas denunciaron exclusión y vulneración de sus derechos colectivos. Las autoridades locales coinciden en una exigencia común: defender el territorio, el agua y la vida frente al avance de intereses extractivos.
Stasiek Czaplicki
Autoridades de Palmarito acordaron un estudio para abrir caminos con maquinaria menonita “gratuita” de los menonitas, ignorando el rechazo de las recolectoras de cusi que denuncian la destrucción de su sustento. El conflicto escaló con amenazas de 25 latigazos contra las mujeres que se oponen al proyecto, tildándolas de “traidoras al desarrollo”. Ante esta situación, instituciones como FCBC, WWF Bolivia, CIPCA, APCOB, y CEPAC emitieron una carta de apoyo para proteger este último reducto de cusi, ofrecieron su apoyo técnico para analizar alternativas de ruta que no destruyan la base económica de las familias recolectoras y evitar la vulneración de derechos económicos indígenas.

Organizaciones indígenas y autoridades municipales de San Ignacio de Velasco activaron una alerta ante anuncios políticos que reactivan la intención de explotar el cerro Manomó. El Concejo Municipal rechazó de forma unánime cualquier actividad minera por los riesgos ambientales e hídricos que implicaría, mientras comunidades indígenas denunciaron exclusión y vulneración de sus derechos colectivos. Las autoridades locales coinciden en una exigencia común: defender el territorio, el agua y la vida frente al avance de intereses extractivos.

Bolivia incorporó 907.244 hectáreas a su “mosaico de conservación” mediante la creación de cuatro nuevas áreas protegidas impulsadas por gobiernos municipales y comunidades locales. Estas declaratorias fortalecen corredores ecológicos clave, conectando territorios indígenas y parques nacionales, y protegiendo ecosistemas críticos frente a la deforestación. La iniciativa demuestra cómo el liderazgo local puede garantizar conservación duradera, biodiversidad y medios de vida para las comunidades.

El bosque no es un vacío ni un refugio neutral. Es un territorio habitado, disputado y atravesado por historias de violencia, retirada y apropiación. En Pilón Lajas, pueblos indígenas que viven en aislamiento resisten el avance de la colonización, el extractivismo y la crisis climática. Mientras tanto, actores germanohablantes proyectan sobre las tierras bajas bolivianas sus fantasías de salvación y libertad. Este texto explora quién puede retirarse, quién es expulsado y quién paga el precio de habitar el “paraíso”.

Las comunidades de Tariquía denuncian una estrategia de hostigamiento tras el avance de la exploración petrolera. Mientras los habitantes exigen que el presidente Rodrigo Paz cumpla sus promesas de proteger la reserva, un fallo judicial frena temporalmente la intervención en una zona vital para el ecosistema.

El nuevo informe de la ONU advierte que el consumo de agua ha superado la capacidad de recuperación de los ecosistemas, transformando las crisis locales en un estado de quiebra sistémica e irreversible. En Bolivia, esta realidad se refleja en varias realidades, entre ella, en la amenaza sobre la reserva de Tariquía, cuya degradación pone en riesgo el “ahorro” hídrico que sostiene la vida y la economía de toda una región.

La Sociedad de Investigación de Arte Rupestre de Bolivia presentó los resultados de seis años de investigación y una nueva guía bilingüe para la comunidad de Quitunuquiña. Se destacó la relación entre la arqueología y el turismo comunitario como estrategia para proteger el patrimonio y generar ingresos locales.

Indígenas del Alto Paraguá denuncian falta de consulta previa ante los avances de exploración en el Cerro Manomo, un ecosistema único cuya biodiversidad y fuentes hídricas están en riesgo por intereses mineros que tienen apetito por sus yacimientos de tierras raras y uranio.

La compañía Brújula Teatro, liderada por Javier Silva y Nathalya Santana consolida su versatilidad con la mística de “Momo”, que estrenó el Teatro de la Selva en Porongo, y la adrenalina de sus cenas en la ciudad.

Un pastor evangélico en los años 60 trasladó a 20 pacahuaras desde Río Negro (frontera con Brasil) a Puerto Tujuré (Riberalta, Beni) cuando huían de la violencia del caucho. De ese grupo, solo quedan Buca, Toy, Busi y Maru, quienes luchan a diario por sobrevivir a los incendios y desmontes en la Amazonía boliviana. Expertos advierten que la desaparición del pueblo Pacahuara es una “extinción anunciada” y el resultado de siglos de despojo, donde el Estado falló al protegerlos. Bolivia tiene al menos 18 pueblos indígenas en alta vulnerabilidad caminando hacia la extinción. Esta situación ocurre mientras la presión agroindustrial avanza y las políticas de protección estatal se quedan solo en el papel.

Luchar para evitar que la actividad petrolera consolide su ingreso en la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, en el departamento de Tarija (Bolivia), tiene un alto precio. Las defensoras y defensores de este vergel importante para el mundo, que es fuente de agua para seres humanos y especies incontables de animales silvestres, sufren ataques que van desde “ofertas indecentes” hasta agresiones físicas y desprestigios personales. Pero ningún hostigamiento puede más que la convicción de defender esta casa vital que le pertenece al planeta.
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