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ENTREVISTA

«No es aceptable que Bolivia tenga una tasa de deforestación de casi 800 hectáreas por día»

«Hemos tenido días consecutivos con temperaturas máximas de 40 grados en Santa Cruz, y eso no es normal”, advierte Gonzalo Colque.

12 de marzo de 2024

Gonzalo Colque, investigador de Fundación TIERRA, responde a preguntas latentes sobre la crisis ambiental en Santa Cruz (Bolivia). Con conocimientos de causa, confirma que el preocupante aumento de la temperatura no es culpa 100% del cambio climático, sino, principalmente de la deforestación.

Roberto-Navia

Roberto-Navia

Periodista

En Santa Cruz, Bolivia, el clima está escribiendo una nueva historia que desde hace 40 años lo venía haciendo silenciosamente. Gonzalo Colque, uno de los investigadores del estudio Cambio Climático en Santa Cruz, Nexos entre clima, agricultura y deforestación, de Fundación TIERRA confirma un panorama alarmante: En apenas cuatro décadas, la temperatura promedio ha ascendido en más de un grado, alterando drásticamente el equilibrio climático del departamento.

Colque describe cómo la naturaleza misma parece protestar, con temperaturas que alcanzan los 40 grados día tras día, incluso en meses como noviembre y diciembre, que solían ser más frescos y lluviosos. Las cifras hablan por sí solas: las lluvias han disminuido en un 27%, transformando la exuberante vegetación de la Chiquitania en paisajes áridos y desolados. La mano del hombre, en su afán de expansión agrícola, ha desmontado vastas extensiones de bosque, rompiendo el ciclo natural de lluvias y exponiendo a la región a un futuro incierto e indeseable.

Portada de la investigación de Fundación Tierra.

Esta transformación no solo afecta al clima, sino también a las personas. Los cruceños, habitantes de Santa Cruz, sienten en su día a día los efectos de este cambio brusco. Las facturas de electricidad se disparan con el uso constante de aires acondicionados para combatir el calor extremo, mientras que la productividad agrícola se ve amenazada por suelos desgastados y falta de humedad.

Gonzalo Colque advierte que, si no se toman medidas urgentes, el futuro de Santa Cruz podría ser aún más desafiante, con un clima más hostil y recursos naturales agotados. Es hora de escuchar la voz de la naturaleza y actuar con responsabilidad antes de que sea demasiado tarde.

– Por qué Santa Cruz (Bolivia) experimentando temperaturas tan altas en comparación con el promedio del planeta, ¿cuáles son sus causas?

– Este es un tema de suma importancia para el país, especialmente para la ciudad de Santa Cruz, ya que consideramos que atraviesa un momento histórico marcado por un cambio de gran alcance en el departamento. Esto es algo que la gente percibe día a día y que, en nuestro caso, podemos constatar a través de los datos históricos de los últimos 40 años.

Las cifras son muy claras: hemos experimentado dos cambios de gran magnitud en el departamento. Por un lado, la temperatura promedio y las temperaturas máximas se han elevado en los últimos 40 años en más de un grado en promedio. Parece poco, pero marca una gran diferencia. No es lo mismo tener una temperatura máxima de 36 grados o 37 grados, que llegar a los 40 grados. Esto se ha dado —y sigue ocurriendo— prácticamente a lo largo de los 12 meses del año.

No es solo un fenómeno de verano ni de la época seca, sino que se extiende a lo largo de todo el año. La temperatura promedio ha aumentado en los 12 meses en Santa Cruz, concentrándose especialmente en el mes de noviembre, e incluso hasta diciembre.

Este año, creo que enero también se ha visto afectado. Antes, noviembre solía tener más lluvias y menos calor, pero hoy en día, noviembre es un mes totalmente seco y con temperaturas máximas en Santa Cruz.

El otro cambio igualmente significativo, está relacionado con las lluvias. En 40 años, han disminuido en un 27% en promedio, pasando de unos 1.400 mm de registro a prácticamente llegar a mil, e incluso por debajo de mil, en las regiones de la Chiquitania. Estos son cambios muy drásticos en muy poco tiempo, si los comparamos históricamente. Y la mala noticia es que estos cambios no son reversibles a corto y mediano plazo. Por lo tanto, debemos esperar que, en el mejor de los casos, se mantengan y, en el peor escenario, empeoren.

– ¿Cuáles son las razones de todo esto?

– Las causas son muchas. Una de las principales es el fenómeno del calentamiento global, que es un problema planetario que afecta a todo el mundo. La temperatura promedio ha subido en las últimas décadas, especialmente en el último siglo, debido a todas las actividades económicas a gran escala que se desarrollan en el planeta. En el caso particular de Santa Cruz, hay otro factor que se convierte en el principal factor de cambio, y es el cambio en el uso del suelo. Santa Cruz ha perdido una gran cantidad de bosque, y las zonas de monocultivo y la intervención humana se han expandido enormemente. Esto ha creado un desequilibrio muy grande entre la existencia de bosques, zonas productivas y zonas con asentamientos humanos.

Esto rompe el ciclo que históricamente se ha dado entre los ciclos de lluvia y los bosques, ya que los bosques juegan un papel fundamental al actuar como bombas que succionan el agua del subsuelo y generan el ciclo de lluvias. Por lo tanto, el avance acelerado y a gran escala del desmonte y la deforestación se han convertido en el principal factor de cambio climático en el departamento de Santa Cruz.

– Se dice que Santa Cruz es la locomotora económica de Bolivia, pero ¿a qué costo ambiental? No parece algo de lo que se deba estar muy orgulloso, ¿verdad?

– Sí, ese es un problema importante. En Santa Cruz, existe una fuerte motivación económica que prioriza el beneficio a corto plazo, desplazando los costos ambientales que este modelo de agricultura ocasiona, lo cual no es admisible.

No es aceptable que un país relativamente pequeño como el nuestro tenga una tasa de deforestación de casi 800 hectáreas por día, que es el ritmo al que agredimos el bosque y avanza el desmonte. No todo este desmonte se convierte en tierra agrícola o ganadera, ya que una buena parte está destinada a reemplazar los suelos que quedan improductivos.

Existe un grave problema de pérdida de fertilidad y humedad en los suelos. Se están abandonando tierras desmontadas que han estado en producción por tres, cuatro o cinco años, por ejemplo, en la zona de San Ignacio de Velasco. La gente está muy consciente de que las nuevas tierras desmontadas tienen una vida útil en términos productivos de 3 a 5 años, y después ya no serán productivas.

A pesar de eso, se toma la decisión de quitar el monte, quitar el bosque y convertirlo en tierras áridas. Por lo tanto, es necesario que tanto el sector público como el sector privado tomen medidas mucho más agresivas para un manejo sostenible de estos recursos. Esto, finalmente afecta directamente a los productores, ya que cuando no hay la humedad que había hace 10 años y la temperatura aumenta, los rendimientos agrícolas disminuyen.

Bolivia tiene un rendimiento agrícola muy bajo en comparación con países vecinos como Argentina, Brasil e incluso Paraguay. Con el cambio climático, esta situación se agrava aún más. Por lo tanto, es muy importante que los productores cuiden la fertilidad y la productividad de sus tierras, ya que esto tendrá un efecto directo en quienes participan esta activa y directamente en el proceso productivo.

El Plan de Uso del Suelo (PLUS) debe tener en cuenta todos los documentos técnicos que determinan cuál es el uso adecuado del suelo en una determinada región, cómo combinar la existencia de cultivos, ganadería y bosques, y dónde es más propicio habilitar tierras de monocultivo y dónde es más propicio trabajar, por ejemplo, con ganaderías integradas al bosque.

Toda esta información técnica existe en documentos, en la ley y en entidades regulatorias. Sin embargo, todos sabemos, no solo en Santa Cruz, sino en todo el país, que la manera en que se otorgan los permisos de desmonte vulnera todos los derechos y lo establecido en la ley. Lamentablemente, así es como funciona en el país, y se aprueban planes de uso del suelo y planes de desmonte básicamente a pedido del interesado, y no en sujeción a lo que determina la parte técnica o legal en el país.

Esta deforestación ocurre en bosques que no son para la agricultura intensiva, en áreas protegidas y en tierras fiscales no disponibles, así como en propiedades privadas.

– ¿Se podría considerar ilegal la deforestación?

– Sí, porque finalmente se le da una interpretación interesada a las características técnicas que dispone, por ejemplo, los planes de uso del suelo, ya que muchas veces no tienen el nivel de detalle necesario para determinar cuál es el uso adecuado de una parcela, ya sea pequeña, mediana o grande. Generalmente, la parte interesada realiza sus propios estudios y define que a esa escala pueden desmontar sin afectar ni contradecir, por ejemplo, el plan de uso del suelo de esa provincia, región o municipio. Es ahí donde entra la libre interpretación de estos planes, y se pone por encima la decisión y el interés del propietario sobre lo que puede determinar, supervisar o dar visto bueno la autoridad de bosques y tierra. Se han encontrado fisuras en la ley y en la práctica para que se autoricen desmontes donde no deberían existir.

Prácticamente todos los sectores involucrados en ganadería, explotación del bosque, actividad maderera (sea legal o ilegal), producción de carbón, autorizaciones de desmontes, ocupaciones ilegales, todos los que han encontrado una manera de lucrar con el bosque, están implicados en estos problemas, más o menos. Esto ha variado históricamente. Antes, los principales actores que incidían en la deforestación eran los ganaderos. Ahora, en los últimos 10 años, al menos, esto ha transitado hacia la actividad agrícola de monocultivos. Quienes hacen agricultura de monocultivos, ya sea en parcelas superiores a 20, 50, 100 o 200 hectáreas, están mayormente habilitando tierras de cultivo a costa de desmontes. Este sector está implicado, ya sean pequeños, medianos o grandes.

Hablando de las actividades agrícolas, la principal razón por la que se desmonta es para la soya. La soya es el cultivo dominante debido a su alto valor económico y su capacidad de exportación. También hay otros productos exportables, pero en términos de balance económico, la soya es mucho más rentable a corto plazo para la gente. Gran parte de las tierras nuevas que han entrado en producción se han destinado a la soya. Otro cultivo que también está avanzando significativamente es el sorgo. En este momento, tenemos en Santa Cruz cerca de medio millón de hectáreas destinadas a cultivos de sorgo. El sorgo se ha convertido en el segundo cultivo más importante en cuanto a superficie. Esto ha cambiado fundamentalmente porque el sorgo se ha convertido en el mejor cultivo de rotación para fertilizar las tierras de soya antes del maíz. Ahora, el maíz está bajando sustancialmente en el país y se está reemplazando con sorgo. Esto también está asociado a la expansión de la soya, ya que se está tratando de fertilizar los suelos desgastados con sorgo, que tiene mayor capacidad regenerativa que el maíz. Sin embargo, esto tiene un efecto colateral negativo, que es la reducción de la producción de maíz en el país. A pesar de que el gobierno subvenciona la compra de insumos a los pequeños productores y toma medidas, la producción de maíz sigue bajando cada año. Esta deforestación ocurre en bosques que no son para la agricultura intensiva, en áreas protegidas y en tierras fiscales no disponibles, así como en propiedades privadas.

– ¿Dónde está ocurriendo esta deforestación?

– Hay un cambio interesante. La deforestación se ha dado principalmente en lo que se llama la zona agroindustrial, este famoso Triángulo que va desde el norte integrado al sur de Santa Cruz y que llega hasta San José de Chiquitos. Sin embargo, toda esta zona ya ha sido habilitada y mayormente está dedicada al monocultivo. Donde avanza la deforestación es sobre todo hacia la Chiquitania, de manera interesante en los últimos años, al sur de Pailón, pero también hay brechas de penetración importantes en la zona de Guarayos, llegando hasta el departamento de Beni, y hacia San Ignacio de Velasco. Estas serían las principales zonas de expansión de los cultivos. En estas zonas, existen diferentes tipos de propiedad, ya no tanto de tipo hacienda ganadera, sino propiedades que, por ejemplo, en una buena parte, son tierras fiscales otorgadas como asentamientos para comunidades nuevas. El avance en la frontera agrícola ha ingresado a la TCO Guarayos, por ejemplo. Es una de las más afectadas en extensión. También ha avanzado sobre comunidades indígenas que han sido deforestadas y habilitadas como tierras de monocultivo. En resumen, es complicado decir que solo avanza sobre un tipo de propiedad, pero sí se puede decir que al menos la mitad de la deforestación avanza sobre tierras fiscales o convertidas en tierras de asentamientos, e incluso en tierras privadas que se han titulado después de más de 20 años de trámites de saneamiento y titulación de tierras junto con el Instituto Nacional de Reforma Agraria.

– ¿Se suma el problema del tráfico de tierras?

– Han quedado muy pocas zonas que se pueden considerar como tierras fiscales disponibles o con procesos de saneamiento no cerrados, por lo tanto, el derecho propietario está en disputa. Cuando estas tierras todavía tienen potencial productivo, como sería, por ejemplo, la Reserva Forestal del Choré o la Reserva Forestal Guarayos, se intensifica el conflicto. Quienes entran a pelearse por estas tierras no tienen derechos propietarios perfeccionados, sino que están interesados en conseguir el control y la legalización de esas tierras, que formalmente no pueden pasar a propiedad privada, pero lo hacen porque saben que, en el pasado, tierras que pensábamos que no podían pasar a propiedad privada han pasado. En el país, se han dado autorizaciones de asentamientos para nuevas comunidades interculturales sobre tierras fiscales no disponibles. Se han titulado tierras que estaban dentro de las reservas forestales del Choré y de Guarayos, moviendo artificialmente los linderos de la reserva. En los hechos, las tierras fiscales, cualquiera sea su condición, están bajo control privado, especialmente en el departamento de Santa Cruz, y eso es parte obviamente de este problema.

Gonzalo Colque, cuando presentó la investigación, en Santa Cruz de la Sierra.

– ¿Cuánta tierra deforestada se puede considerar ilegal?

– Los planes de uso del suelo, muchas veces no tienen el nivel de detalle necesario para determinar cuál es el uso adecuado de una parcela, ya sea pequeña, mediana o grande. Generalmente, la parte interesada realiza sus propios estudios y define que a esa escala pueden desmontar sin afectar o contradecir, por ejemplo, el Plan de Uso del Suelo de esa provincia, región o municipio. Es ahí donde entra la libre interpretación de estos planes, y se pone por encima la decisión e interés del propietario, por ejemplo, sobre lo que puede determinar, disponer, supervisar o dar visto bueno la autoridad, como el Instituto Nacional de Reforma Agraria y Tierras. Se han encontrado estas fisuras en la ley y en la práctica para que se autoricen desmontes donde no deberían existir.

Donde avanza la deforestación es sobre todo hacia la Chiquitania, pero también hay brechas de penetración importantes en la zona de Guarayos, llegando hasta el departamento de Beni.

– ¿Quiénes están involucrados en la deforestación?

– Prácticamente todos los sectores involucrados en la ganadería, la explotación del bosque, la actividad maderera (sea legal o ilegal), la producción de carbón, los que tienen autorizaciones de desmonte y las ocupaciones ilegales. Todos aquellos que han encontrado una manera de lucrar con el bosque están implicados en estos problemas, en mayor o menor medida. Históricamente, los principales actores que incidían en la deforestación eran los ganaderos. Sin embargo, en los últimos 10 años, al menos, esto ha transitado hacia la actividad agrícola de monocultivos. Quienes realizan agricultura de monocultivos, por encima de 20 hectáreas, 50 hectáreas, 100 o 200 hectáreas, están mayormente habilitando tierras de cultivo a costa de desmontes. La deforestación está ocurriendo en bosques que no son para la agricultura intensiva, en áreas protegidas y en tierras fiscales no disponibles, así como en propiedades privadas.

– A la gente, ¿cómo le puede afectar eso en su día a día, tanto en lo personal, en lo familiar, en lo productivo, el incremento de la temperatura en Santa Cruz??

– Este cambio de temperatura de 40 años no dice mucho en números, pero muestra claramente una tendencia ascendente en el calentamiento, en la elevación de la temperatura. Esta tendencia nos lleva a preguntarnos a dónde nos llevará dentro de 10, 20 o 40 años, y eso está contenido en el informe de la Fundación TIERRA. En la proyección de aquí a 40 años, por lo menos, hay tres escenarios posibles. Uno de ellos habla solamente de un indicador: la temperatura máxima que supere los 40 grados por lo menos 30 días al año. Si comparamos esto con lo que era Santa Cruz en los años 90 y 2000, prácticamente no tenía días con temperaturas máximas por encima de 40 grados.

Hoy en día, en promedio, en los últimos cinco años, tiene tres a cuatro días por año. Y la proyección dice que vamos a tener 30 a 35 días por año en las próximas décadas. Pero creo que incluso este informe es conservador, porque lo que hemos visto en 2023, incluso en enero de 2024, es grave. Hemos tenido días consecutivos con temperaturas máximas de 40 grados en Santa Cruz, y eso no es normal. Si noviembre prácticamente es como un mes donde es normal tener todos los días 40 grados, diciembre lo mismo, cuando diciembre debería ser lluvioso, enero mucho más.

Entonces, esa es una señal de alerta de que definitivamente, de aquí a un tiempo, las cosas pueden empeorar. Pueden acelerarse estos cambios, y eso no está bien. No está bien para una zona tropical como Santa Cruz, para una zona donde es importante que al año llueva por encima de mil mililitros para regular la temperatura. En la zona de la Chiquitania estamos por debajo incluso de 900 mililitros de lluvia, y eso significa que, en lugar de regenerarse la naturaleza, la vida, el bosque, vamos a tener que ir marcha atrás, y ahí no hay nada que pueda hacer el ser humano para revertir eso, ¿no es cierto? Entonces, la mejor política que podemos tener en cuenta ahora es prevenir, desacelerar y frenar todo lo que se está produciendo como cambio climático. La gente lo vive cada día. Si todo, toda la gente sabe que, primero, no es normal tener temperaturas de 40 o más grados en la ciudad, y segundo, que, si esto se repite y los días de 40 grados se multiplican, obviamente va a traer muchísimos cambios. Muchos de estos cambios todavía no los entendemos, ¿no? Pero un cambio concreto que mucha gente siente, por ejemplo, quienes tienen aire acondicionado, es la tarifa de la energía eléctrica. Son meses terribles, incluso para gente que tiene ingresos estables. Hay gente que paga 500, 800, más de 1.000 bolivianos. Eso es un efecto concreto y a consecuencia de estas temperaturas extremas en esta región.

Para finalizar, la conclusión es esa: lo que está también en la investigación, lo que está pasando, no es culpa 100% del cambio climático, sino principalmente de la deforestación. Santa Cruz, creo que la gente, los cruceños, entienden perfectamente que la manera aguda en que se está presentando el cambio climático en esta región se debe, obviamente, al cambio climático global, pero en gran parte a las actividades de explotación intensiva que se están llevando a cabo mediante la excesiva deforestación y habilitación de tierras de cultivo para intentar lucrar más o intentar compensar las pérdidas que tenemos por falta de un mejor manejo de los suelos en el país.

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